Hace poco el profesor de astronomía Parke Kunkle, de un college de Minnesota, causó olitas en el mundo de la astrología con su comentario de que los signos zodiacales son 13 y no 12, como habitualmente cree la gente. Aunque parece toda una novedad, quienes tienen buena memoria saben que esto ya fue noticia a mediados de los ’90.

Por Eduardo Unda, astrónomo del Instituto de Astronomía de la Universidad Católica del Norte (UCN) y Director del Centro de Divulgación Astronómica Paranal-UCN.

En 1995 Walter Berg, en aquel caso un astrólogo, publicó el libro «The 13th signs of the zodiac». Búsquelo en Amazon, ahí está si le interesa. Básicamente él proponía una correccíón a la astrología, la cual no sólo agregaba un nuevo signo sino que además ajustaba las fechas en que las personas nacían bajo un signo, de modo que, por ejemplo, sólo 6 días en el año correspondían a Escorpión, por la sencilla razón de que el Sol transitaba durante 6 días por Escorpión. Lógico, ¿no? Pero la historia es más antigua todavía.

En 1930 la Unión Astronómica Internacional (UAI) tomó un acuerdo para estandarizar las fronteras de cada constelación en el cielo. Al contrario de lo que mucha gente cree, las constelaciones nunca han sido algo muy fijo. Piense en las estrellas de la Cruz del Sur. Las cuatro estrellas más visibles son las que la gente identifica como las puntas de la cruz, pero, ¡alto!, ¿por qué no podríamos unirlas de otra manera y hacer la constelación El Volantín del Sur? Y de hecho estos actos arbitrarios ocurrían en todo el mundo hasta comienzos del siglo XX. Las constelaciones son simplemente dibujos que hacemos a nuestro gusto, representando cosas que nos son familiares, y usando muy aproximadamente las estrellas más brillantes como guía para hacer ese dibujo. Mientras un pueblo dibujaba la Osa Mayor (porque tenía familiaridad con los osos) otro dibujaba un transporte de un emperador (por la misma razón). Si la viéramos desde Chile, seguramente dibujaríamos un cucharón, y sería una muy buena aproximación de la forma. Por supuesto que esto causaba confusión a la hora de hacer mapas del cielo. La UAI intervino y estableció entonces límites estándares. Desde 1930 las constelaciones son 88, con límites muy bien definidos. (Por supuesto usted puede seguir dibujando sus propias figuras y nadie se va a enojar… ¡adelante!).

Volvamos a la astrología. ¿Se ha preguntado qué quiere decir que usted sea Géminis, por ejemplo? Lo que está implicando al decir eso es que, en el momento en que usted nació, el Sol estaba en la constelación de Géminis. Ya que antes cualquiera podía poner los límites de las constelaciones donde quisiera, esto no era decir gran cosa. El que existieran límites claros para las constelaciones debería entonces haber ayudado a la astrología, pero en realidad contribuyó a poner en evidencia sus problemas. Según la astrología, los 12 signos del zodíaco correspondían a las 12 constelaciones por las cuales el Sol transitaba a lo largo de un año. Ahora que existían límites bien definidos, cualquiera podía entonces dibujar un mapa del cielo y trazar la trayectoria del Sol a través de las constelaciones. Sorpresa. El Sol no pasaba por 12 sino que por 13 de ellas. Peor todavía: Debido a un movimiento terrestre llamado «precesión», que es similar al que hace un trompo bailando en una mesa, las fechas en las cuales el Sol pasa por una cierta constelación van cambiando con el tiempo. Es un efecto leve, de manera que en la vida de una persona casi no se nota, pero espere 2000 años y hablemos de nuevo. El resultado es que un Aries es en realidad un Piscis y, más generalmente, la astrología ya no representa correctamente lo que está pasando en el cielo. ¿Es esto noticia? Lo dudo, pero es lo que pasa con algunas historias virales; a veces algo ultraconocido en los círculos académicos llama la atención de un periodista, quien lo escribe y, en un impredecible golpe de suerte, acapara la atención mundial.

¿Qué han dicho nuestros astrólogos criollos sobre este tema? Jaime Hales opinó que lo que dice Kunkle «es una payasada (…) porque la astrología no está basada en hechos de la realidad, es una disciplina espiritual». ¿Cómo se entiende entonces que luego los astrólogos dicen que este año será así y asá porque Marte está allí o allá? ¿A qué le llaman «Marte» los astrólogos si no es a ese objeto esférico que orbita al Sol entre la Tierra y Júpiter? ¿Y si no es algo «de la realidad», por qué usted debiera estar pendiente de predicciones respecto a su trabajo y relaciones sociales que sí ocurren en la realidad?

La perspectiva de este blog es basarse en evidencia. No existe evidencia de que la astrología funcione, y quien le diga lo contrario posiblemente está tratando de venderle algo :-) Aunque las noticias sobre este tema se han concentrado en tratar de aclarar si es que el zodíaco ha cambiado, el tema de fondo es que da lo mismo, pues ni con 12 ni con 13 signos existe evidencia de que la posición de los astros afecte la vida de las personas, aunque de esto hablaremos más largo en una siguiente ocasión. No obstante, si usted está dispuesto a creer en la astrología contra toda evidencia, entonces supongo que ya estamos hablando de fe, y eso no se lo voy a cuestionar. Si, en cambio, usted opina que la astrología funciona «porque [inserte razón aquí]» dígame lo que piensa y lo comentaremos en otro post.

 

Por Eduardo Unda, astrónomo del Instituto de Astronomía de la Universidad Católica del Norte (UCN) y Director del Centro de Divulgación Astronómica Paranal-UCN. Eduardo es originario de Concepción, pero ahora vive en Antofagasta. Su área de investigación son las estrellas variables cataclísmicas (básicamente porque le encanta el drama) pero está lentamente migrando al estudio de planetas extrasolares. En su actividad, como divulgador científico se ha ido especializando en combatir supersticiones, especialmente, pero no sólo, si tienen que ver con astronomía. Eduardo es además un actor frustrado, un músico frustrado, un pintor frustrado y un escritor frustrado, aunque de vez en cuando porfiadamente insiste en actuar, componer, pintar y escribir.

 

Publicado originalmente aquí.