Espéculo(ar). Lo indecible de los objetos ginecológicos y las tecnologías de género, de Carolina Egaña Larenas, socia de ACHIPEC, obtuvo el Fondart Nacional de Circulación 2026 con puntaje máximo. El proyecto reúne relatos de mujeres sobre procedimientos ginecológicos y los convierte en una visualización colectiva que se reorganiza con cada voz que ingresa. Su activación en sala ocurrirá por primera vez en Berlín.

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El Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, en su línea de Circulación Nacional e Internacional 2026, seleccionó Espéculo(ar). Lo indecible de los objetos ginecológicos y las tecnologías de género, de la investigadora y artista visual Carolina Egaña Larenas (folio 857725), con el puntaje máximo de la convocatoria. El financiamiento cubre la circulación de una obra ya producida hacia Bardo Projektraum, espacio berlinés de Karne Kunst, donde el sistema se activará por primera vez en condiciones reales de sala, entre noviembre y diciembre de 2026.


El caso de estudio inaugural es el espéculo ginecológico, frío, metálico y prácticamente inalterado desde el siglo XIX, junto al conjunto de procedimientos que se organiza a su alrededor: el dispositivo intrauterino, la camilla de examen, el PAP, la histeroscopía, la ecografía transvaginal, los tratamientos hormonales. El proyecto los llama tecnologías de género, objetos y procedimientos que intervienen el cuerpo femenino y participan a la vez en la construcción de lo que significa habitarlo. El texto con que Egaña convoca a participar formula la posición: «¿Por qué los instrumentos con que se interviene el cuerpo femenino no han cambiado desde el siglo XIX? ¿Por qué el conocimiento sobre nuestros cuerpos ha sido producido, casi sin excepción, por quienes no los habitan?». La lectura que propone es ambivalente. Esos instrumentos dieron acceso al diagnóstico y al control de la salud reproductiva, y al mismo tiempo inscribieron el cuerpo femenino en una lógica de observación y medición.


El origen del proyecto es biográfico. La madre de la artista es matrona oncóloga con más de 45 años en el sistema público de salud, y esos objetos formaron parte del entorno doméstico de su infancia, al punto de que pudo manipularlos de niña como juguetes. Su formación en filosofía de las ciencias aportó el concepto de lo indecible, la idea de que todo lenguaje alberga zonas que escapan a su propia demostración. A partir de esa observación sobre las prácticas médicas y ginecológicas, el campo del arte aparece como el lugar donde problematizarlas y construir una propuesta visual capaz de visibilizar la situación.


El material de la obra es aquello para lo que el lenguaje médico no tiene espacio. Una encuesta anónima, abierta en español e inglés, pide relatar una experiencia con un procedimiento ginecológico o una tecnología de género y describirla con detalle: «qué sentiste en tu cuerpo, qué pensaste, qué temperaturas, texturas o sonidos recuerdas». Autoriza el uso de metáforas, la comparación con otra cosa y el color de lo que se sintió, y aclara que no hay respuesta correcta. Las respuestas oscilan entre lo íntimo y lo social, en un registro que rara vez encuentra lugar en la consulta clínica: «frío como un fierro y ruidoso», «lo siento como un abrelatas», «lo siento como una cadena que arrastra mis traumas hacia afuera».


A partir de este corpus se desarrollan dos ámbitos de acción que dialogan entre sí y generan una tensión crítica.


El primero convierte los relatos individuales en un sistema vivo que se expande conforme ingresan nuevas voces. La encuesta funciona en tiempo real y traspasa cada testimonio al sistema mediante un webhook. Según la descripción del relato, su composición temática, ese testimonio se convierte en una forma particular con una configuración de color específica, y los campos semánticos se reorganizan con cada ingreso, desplazando el centro de gravedad del archivo. El resultado es una galaxia navegable, disponible en un sitio web y operable mediante gestos. La obra deja de ser un objeto cerrado y se mantiene en expansión constante.

El segundo trabaja sobre ese mismo material y devuelve algo distinto. El reordenamiento semántico lo ejecuta una red neuronal, CLIP, que agrupa los relatos por similitud sin categorías predefinidas, de modo que estas emergen del archivo mismo. Stable Diffusion, por su parte, genera una imagen por cada relato publicado. Lo que esas imágenes traen son las asociaciones que el archivo cultural de internet ha sedimentado en torno a la descripción de las experiencias, sin que medie una referencia directa a los objetos ginecológicos.

Si una máquina devuelve una imagen incómoda o espeluznante a partir del relato de una mujer que usa una tecnología de género, cabe preguntarse por qué esos objetos se mantienen invariantes.


El proyecto se sostiene en un vínculo entre ciencia y arte que opera en las dos direcciones. Incorpora procedimientos de investigación, la construcción de un corpus y el uso de herramientas computacionales como instrumentos de observación cuyas propias lógicas forman parte del argumento. Y devuelve a un espacio común aquello que suele quedar confinado a lo privado: la memoria corporal, la metáfora, el silencio.La pregunta que abre no pertenece a una disciplina. Abre un espacio para pensar de manera crítica cómo estos objetos y estas prácticas quedan invisibilizados, y quiénes se ven afectadas por ese desinterés.


La activación en Bardo Projektraum, en Jessnerstraße 33, cuenta con la mentoría curatorial de Marcela Villanueva, quien dirige el espacio. En sala el público interactúa corporalmente con la visualización, mientras cualquier persona puede incorporar su relato desde otro territorio. La convocatoria para participar en línea se abre en noviembre y tendrá su difusión masiva durante el lanzamiento en Alemania, entre el 14 y el 18 de diciembre de 2026, para que se envíen relatos en tiempo real desde cualquier parte del mundo.


Carolina Egaña Larenas es investigadora y artista visual, magíster en Artes Mediales de la Universidad de Chile y directora de Kajandral Divulgación Creativa.