Me retracto! Y qué?

Retractarse es una acción fuerte.  El diccionario de la Real Academia Española (RAE) es sintético y rotundo: retractarse es “Revocar expresamente lo que se ha dicho, desdecirse de ello”. Pero, ¿qué ocurre cuando un científico se retracta tras la publicación de un estudio científico, de un (supuesto) hallazgo? Qué ocurre, por ejemplo, con los fondos utilizados para dicha investigación, ¿tiene el mismo impacto que esos fondos sean públicos o privados? ¿Qué ocurre con el Journal que dio paso a una publicación que no cumple con lo prometido? ¿Qué ocurre con las carreras profesionales de los involucrados (autores y editores)? Y cuando se trata de investigaciones que afectan directamente a la vida de personas (salud, nanotecnología, fármacos, otros) ¿cómo pueden éstos reaccionar, defenderse, quejarse?

Por Francisco Morey, periodista científico, socio de ACHIPEC.

Las retractaciones, indica Nature, es un proceso creciente. Así lo muestra el siguiente gráfico que señala una expansión dramática a partir de 2005. Dicha información proviene de un análisis que la ISI Web of Knowledge ha hecho de sus registros de miles de Journals.

Razones hay varias. El trabajo citado informa que un 44% corresponde a conductas inadecuadas, un 39% a errores involuntarios y 17% a otras causas. Y por supuesto, este aumento significativo se puede explicar por el desarrollo de los medios electrónicos, la implementación de monitoreos de una precisión sin precedentes y su amplia difusión a través de redes sociales.

El Dr. Gabriel León es bioquímico e investigador del Centro de Biotecnología Vegetal de la Universidad Andrés Bello. Pero también es mi colega bloggero. Le pregunté acerca de esto y me envío una sugestiva posible razón detrás de esta tendencia:

 ”Este fenómeno se está haciendo muy común. El famoso ‘publish or perish’ ha hecho que muchos P.Is. ya no estén tan encima de sus (multiples) líneas de investigación; los post-docs a veces se arrancan con los tarros y, si bien no hay intención de engañar, aparece la falta de rigurosidad en los experimentos y análisis (…) Otras veces de frentón hay engaño: la presión por publicar, sobretodo en líneas ‘hot’ o cuando un profesor se juega el tenure, puede ser satánica”.

Y no se piense que este fenómeno afecta a publicaciones con mecanismos de edición deficientes, pues uno de los Journals con más “retractions” es el prestigioso Proceedings of the National academy of Sciences (PNAS), quien aumentó desde cerca de 7 retractaciones en el período 2001-05 a casi 24 entre 2006-09.

Yo le enseño a mis estudiantes de periodismo y comunicación social de la ciencia que una retractación es una fuente de noticia (desde ese punto de vista, la curva del gráfico anterior se ve “jugosa”!!). Me la juego por esa postura por el aumento exponencial de casos y porque no está claro cómo reaccionan públicamente las instituciones científicas (centros de investigación y journals que publican) ante la ocurrencia de este tipo de hechos.

Cuán cerca o lejos estamos en Chile de este fenómeno, todavía es un misterio. Escribí un correo a varios investigadores caracterizados por su productividad científicas, y la respuesta de uno de ellos, Dr. Roberto Néspolo del Instituto de Ciencias de la Tierra y Evolución de la Universidad Austral de Chile, es que hay razones para estar alerta.

“En Chile estamos muy retrasados en lo que a cultura de la transparencia científica se refiere. Virtualmente, cualquier set de datos puede ser inventado o plagiado sin posibilidad alguna de que esto sea pesquisado (puedes copiarlos en un cuaderno viejo, simularlos o medir un par de bichos o hacer sólo un par de réplicas y retocar los datos para el resto). Uno mismo ha sido testigo de cómo colegas o estudiantes cuentan que “cocinan” datos sacando un promedio de la muestra como dato adicional (inflando el tamaño muestreal) o “podando” puntos que caen fuera de la curva. Borrando los datos más altos y más bajos para reducir el error estándar o eliminando tratamientos experimentales que no “cumplen” con la hipótesis. Rara vez esto es condenado, menos decir, denunciado.

Los departamentos de ciencia Chilenos jamás han siquiera pensado en crear un comité de “buena conducta” científica que chequee dónde están los cuadernos originales de datos, de comprobar que la información publicada ciertamente proviene de un análisis estadístico de los datos obtenidos o de investigar copias parciales o totales de textos en proyectos y publicaciones. Los cuadernos de datos no están numerados ni tampoco es posible acceder a un set de datos completo que ya esté publicado, generalmente, si uno se lo pide al autor (chileno). Pues bien, todas estas cosas son prácticas comunes en países como UK, Francia o USA.

Por ello, la tasa de “retracción” de artículos científicos es una grosera subestimación de la real tasa de ”mala conducta” científica.

En ciencias Ecológicas y Evolutivas la farsa perdura más pues es más difícil replicar un experimento en una población natural (que inherentemente, además, puede cambiar) que en una placa de petri.

Por otro lado, la tentación es tremenda, sobre todo con lo que significa hoy en día ganarse un Fondecyt o mejorar la tasa de publicaciones.

Es interesante este tipo de iniciativas. Pero falta mucho, partiendo por algún comité de “buena conducta” en cada Departamento y ciertamente, en Conicyt.

“Tenfold”

Un posteo en la sección Blogs de Nature le pone paños fríos a la situación, diciendo que “Over the past decade, (…) it’s still a miniscule sliver (about 0.02%) compared to the research literature”. Sin embargo, el hecho a monitorear es que, como destaca otra publicación de la misma revista, “(…) in 2009, Times Higher Education commissioned a survey by Thomson Reuters that counted 95 retractions among 1.4 million papers published (Nature) in 2008. But the same survey showed that, since 1990 — during which time the number of published papers doubled — the proportion of retractions increased tenfold”

Convergencia es una palabra bellísima. A mí me suena bien cada vez que la escucho. Me suena a solución, a arreglar algo que se echó a perder por estar desconectado, fragmentado, incomunicado. Las retractaciones son la expresión de una desconexión entre el aumento explosivo de los espacios para publicar la ciencia, la presión por publicar (y su falta de control interno) y el hecho cierto de que la producción científica está bajo un más intenso escrutinio público.

Mi impresión es que una mayor convergencia entre la comunidad científica y criterios de rendición de cuentas a la sociedad, son un marco que ayudará a enfrentar este tipo de situaciones que pueden provocar un daño más grande de lo que se cree.

El Dr. León (@gabotuitero en el planeta de los 140 caracteres) me sopla por interno que “Dice la leyenda que en la oficina editorial de Science tienen un diario mural con todas las retracciones de Nature (y lo propio pasaría en la oficina editorial de Nature…)”.

En un próximo posteo deseo abordar casos ocurridos en Chile. Si usted quiere colaborar, deje un comentario o envíe un correo a fmoreyc@gmail.com. Para leer análisis de casos revise este blog.

Y si demuestra la leyenda Science/Nature, saca premio.

 

Publicado originalmente aquí.

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Categorías: Actualidad, Chile, Ciencia, Científicos, Ciudadanía, Comunidad, Divulgación, Educación, Periodismo, periodismo científico

Autor:achipec

Periodismo y divulgación científica

One Comment en “Me retracto! Y qué?”

  1. octubre 19, 2011 a 12:11 pm #

    Toda la razón!…Pero lo más interesante es decirlo de forma abierta y sin retractarse al respecto….

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